Territorios sagrados otomí chichimecas

Hay muchos aspectos positivos relacionados con la declaratoria de patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO. Uno de ellos se refiere a la promoción turística de los lugares donde se encuentran estos elementos; otro, al fomento más profundo del estudio científico relacionado con estas tradiciones, y por ultimo hay que ponderar la conservación de valores, tradiciones y costumbres que de otra manera se perderían sin remedio por la vorágine de la modernidad. En este marco es donde cobra su máximo valor el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO de los Territorios sagrados otomí-chichimeca.

Los indígenas otomí-chichimecas, comunidad que habita en el territorio semi-desértico queretano, tiene diversas tradiciones que nos dejar ver su profunda vinculación con el medio ambiente. El retorno de su cultura se encuentra definido por un triángulo simbólico, integrado por el Cerro el Frontón, el Zamorano y la impresionante Peña de Bernal. Son elevaciones geográficas de gran proyección sagrada, a las cuales acuden año con año grupos de peregrinos para llevar cruces milagrosas para solicitar agua y amparo divino.

Son lugares sagrados en donde los lugareños les rinden culto y veneración a sus ancestros y con ello, se consolida la identidad de estas etnias y se propicia la continuidad de sus tradiciones culturales.

Otras celebraciones comunales que se efectúan a lo largo del año están enfocadas de garantizar el agua disponible, elemento vital en el seco entorno otomí. Los rituales de los territorios sagrados de orden familiar. Tal integración de los ámbitos natural, geográfico y también espiritual se hace patente en las creaciones artísticas de la región y es una parte esencial en la identidad idiosincrática y cultural de las poblaciones indígenas de la zona.

La UNESCO ha captado la importancia que tienen los territorios sagrados otomíes – chichimecas y por ello los han incluido en su lista de patrimonio merecedor de protección para interés de la humanidad.

Habiendo sido declarado como tal este patrimonio en el año de 2009, los criterios se han considerado en los cinco presentes en la lista representativa del Patrimonio Cultural inmaterial de la humanidad.

No es de extrañar que estos territorios sagrados se encuentren en el estado de Querétaro, siendo que estamos ante una entidad mexicana abundante en cosas interesantes y valiosas. Los habitantes purépechas de la región denominan a Querétaro como “El lugar donde se juega la pelota” y por los indígenas otomíes como “El lugar de las piedras”.

Aun cuando es un estado de pequeñas dimensiones, su territorio, como hemos comentado previamente, atesora una vasta diversidad cultural, natural e histórica, lo cual le ha hecho merecedor de Patrimonio de la Humanidad.

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