El atractivo de los pueblos fantasma

Quienes viajan por el territorio Chihuahuense tienen la oportunidad de contemplar muchas cosas interesantes, pero pocas tan sugestivas como los pueblos fantasmas. Para comprender la aparición de esta clase de pueblos, hay que hablar un poco del pasado minero de esta entidad. Las primeras poblaciones chihuahuenses aparecen justamente por las actividades mineras que se desarrollaron allí, apenas poco después de la Conquista.

Todo inició cuando fue descubierto un importante mineral en Santa Bárbara, en las cercanías de Parral. Este sitio continua produciendo minerales hasta nuestros tiempos, luego de cuatro siglos y medio de explotación ininterrumpida. Ciertamente, varias minas más han sido descubiertas desde entonces en todo el vasto territorio de Chihuahua, y esto hizo aparecer a varias de las actuales poblaciones, incluyendo a la propia capital del estado, la ciudad de Chihuahua. No obstante, en no pocas ocasiones, los minerales de estos yacimientos se agotaron por completo y los pueblos que allí se habían construido fueron abandonados finalmente. Este fue el origen de varios de los pueblos fantasma de la entidad.

Una de las comunidades más representativas a este respecto es la del antiguo mineral de las Adargas. Este último está muy cerca de Jiménez, al sur del estado. Es un mineral que estuvo muy activo  desde la mitad del siglo XIX y hasta la década de 1930. Aún es posible contemplar algunas grandes construcciones de piedra de su antigua población, actualmente en estado fantasma. Sin embargo, lo más llamativo es su iglesia, la cual carece ya de techo y que nos deja ver como paisaje circundante una interminable desértica llanura.

Pero la Sierra Tarahumara también cuenta con varios pueblos fantasmas puesto que allí también fueron hallados varios pueblos fantasmas. Para efectos de ser visitados por los turistas aconsejamos el de Ahuateachi, en las proximidades a Unachi. En cierta temporada del año se presentan nevadas en Ahuateachi, por lo cual es posible contemplar las construcciones fantasmas cubiertas por la nieve, lo cual incrementa su atractivo.

No lejos de Urachi tenemos al diminuto poblado fantasma de Nueva Unión, también llamado como Matagochi. Esta población estuvo activa desde el siglo XIX y hasta los inicios del siglo XX. Tanta importancia tuvo en esta parte de Chihuahua, que allí se acuñaron monedas. Aún se levanta en Nueva Unión una vieja mansión y muchas herramientas de madera. Es un lugar bastante sugestivo por su solitario ambiente y su entorno melancólico. Tiene como marco la impresionante barranca de Otero, de 1,600 kilómetros de profundidad en su sima.

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