Santuarios prehispánicos mayas en Campeche

En lo más profundo de la Sierra Alta, en el norte de Campeche, se ubica la comunidad de los Nueve Pozos, también llamado Bolonchén. A no más de 30 kilómetros de esta urbe maya, se localiza la gruta de Xtamcumbilxuna’an, la cavidad geológica de mayores dimensiones en la región. Existe una leyenda asociada a esta gruta y es que su nombre significa, “La mujer escondida”. La tradición cuenta acerca del amor que se tuvieron una hermosa princesa y un guerrero, fruto del cual nació un bebé. De acuerdo a esta misma leyenda una malvada hechicera transformó en roca a la princesa y su pequeño, los cuales desde hace miles de años, aguardan el retorno del guerrero para ser liberados.

Hay un pequeño boquete en la gruta de Xtamcumbilxuna’an donde penetra la luz del día y así, es factible contemplar estas curiosas formaciones pétreas. Más adentro, en estas mismas cuevas, existen grietas que nos llevan a siete diminutos cenotes, los cuales eran utilizados por los antiguos mayas para proveerse de agua y venerar al dios Chac, para tener más lluvias y mejores cosechas.

Por otro lado, otro santuario prehispánico de los mayas, es El Tabasqueño. Para visitar este yacimiento hay que seguir la carretera 261 y justo en el km 35 que vincula a Hopelchén con Dzibalchén, tomar una ruta de terracería de 4 km. Muy ponderada por los especialistas, esta área de la región de los chenes sobresale por su valía arquitectónica. Por ejemplo, en este yacimiento destaca la estructura conocida como Torre Emblema, vinculada con la observación astronómica que cultivaban los antiguos mayas. En El Tabasqueño se observan numerosas estelas en donde se llevaban registros de lo más relevante que acontecía en la ciudad.

Igual de interesante es el sitio arqueológico de Hochob, mismo que se asienta sobre una elevada colina en el municipio de Holpechén. Allí se levanta el “Lugar de las mazorcas de maíz”, una de las áreas prehispánicas mayas de mayor trascendencia, por la excelente preservación de las estructuras que la integran. En Hochob sobresale el Palacio del Este y el impresionante mascarón de Itzamná, de hipnótica proyección, con sus ojos con estrabismo y sus colosales orejeras.

También fascinantes en Hochob son la Estructura II y la Estructura III, la primera por sus cascadas de mascarones de Chac en las esquinas, a manera de ornamento y la segunda, por sus torres coronadas con falsos templos y escalinatas simuladas, detalles particulares del estilo arquitectónico del Río Bec.

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