Fiestas indígenas dedicadas a los muertos

La celebración a los muertos se efectúa entre las poblaciones indígenas esparcidas por todo el país. Tiene como motivo la conmemoración del retorno temporal al mundo de seres queridos y parientes. Los festejos se realizan año con año a inicios de noviembre, época que a la vez, señala la culminación del ciclo de cosecha del maíz.

Las familias que participan en las fiestas indígenas facilitan el retorno al mundo de los vivos de las almas de los difuntos, colocando diferentes elementos, todos ellos de gran valor simbólico, como velas, flores y ofrendas en todo el camino que lleva del cementerio a los hogares de estas familias.

Los guisos predilectos de los fallecidos se ubican en el altar y encima de las tumbas, junto con arreglos florales y bellas artesanías, como por ejemplo de papel cortado. Los preparativos de las fiestas indígenas dedicadas a los muertos se efectúan con una gran anticipación y con el mayor esmero, ya que este rito es reconocido como de gran relevancia para los habitantes de las distintas comunidades. En la medida en que se desarrollan estos festejos de la menor manera posible, se cree que los difuntos aseguran la prosperidad de sus familiares, por ejemplo, con una generosa cosecha. En cambio, si no se llevan a cabo correctamente, pueden acontecer desgracias para las familias.

El encuentro entre los vivos y los muertos que simbólicamente propician las fiestas indígenas dedicados a los difuntos, sirven para reafirmar el rol del individuo en las sociedades rurales y consolidan notablemente los rituales sociales en las poblaciones indígenas.

Esta fascinante tradición fue inscrita por la UNESCO en su listado de Patrimonio de la Humanidad, en el año 2008. Los criterios que se siguieron para este reconocimiento, fueron los cinco mencionados en la lista representativa de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Algunas de las comunidades provinciales en donde se celebra de manera interesante y pintoresca el Día de Muertos, son las que se encuentran en el estado de Puebla, camino al Pueblo Mágico de Cuetzalán, como Nopalucan o San José Chiapa.

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