El simbolismo místico de los mayas

Para valorar en su justa medida la oportunidad de conocer los sitios arqueológicos del sur de nuestro país, es decir, aquellos que corresponden a la cultura maya, es conveniente llevar a cabo una aproximación a su universo simbólico. Por ejemplo, los seres divinos que se hacen patentes en los ornamentos de las pirámides, templos y demás construcciones de los yacimientos mayas, nos hacen ver que el ritual y el simbolismo forjaron puentes de comprensión, entre el mundo de las deidades y el mundo de los humanos.

Los dioses y los rituales de los reyes mayas tenían una enorme relevancia, puesto que otorgaban una autoridad fundamentada en lo sobrenatural, a los gobernantes de este imperio mesoamericano. Las deidades de los mayas mostraban apariencias con atributos de distintos animales, como el águila, la serpiente y el jaguar. Estas figuras del panteón maya se hicieron presentes en sus pinturas, su arquitectura y en otras formas de arte.

Una presencia que nos hace patente la fuerza del simbolismo que tenían las criaturas mitológicas de los mayas, la tenemos en el monstruo cósmico o monstruo bicefálico. Era una bestia celestial con dos cabezas una en cada extremo de su cuerpo colosal, lo cual refería a la oposición entre el planeta Venus y el Sol. En muchos edificios mayas aparece la figura de este monstruo- parecido a un cocodrilo-, especialmente en el área oeste de tales construcciones. Sin duda aludía al planeta Venus, que dejaba al Sol, afuera del mundo de los muertos.

Otro ejemplo de presencias míticas de gran impacto en el imaginario cultural de los mayas, la podemos ver en la triada divina de Palenque. Se trata de tres dioses mayas que solo aparecen juntos en los edificios del sitio arqueológico de Palenque. Nombrados como DI, DII y DIII, las referencias mayas nos narran que nacieron con tres semanas de diferencia uno con relación a otro. A dos de ellos, los arqueólogos parecen identificarlos con Chac, deidad de la lluvia y los relámpagos y Jaguar, deidad del inframundo. En una representación presente en un jarrón maya del periodo clásico tardío, esto es del año 600 al 800, se observa a los tres dioses junto con Cauac, simbólico cerro con forma de animal. Mientras que el dios Chac baila en un extremo de la mencionada representación, el dios Jaguar se recuesta sobre el monstruo y el tercer dios levanta la pierna, en una danza delirante.

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