El caprichoso paisaje lunar del Pinacate

El desierto de Sonora es uno de los más calurosos y grandes del mundo, cuenta con poquísima población y su silencio es cautivador. No obstante, en esta amplia zona hay una serie de paisajes de gran belleza, muchos de ellos presentes en la Reserva de la Biosfera del Pinacate.

En la Reserva de la Biosfera el Pinacate y el Gran Desierto del Altar, la lluvia escasea y la vida se esconde, como si no existiera. Para los visitantes, el sitio puede asemejarse a un paraje lunar, con formaciones rocosas extrañas y una soledad absoluta, redentora, casi mística.

Esta Área Natural Protegida fue decretada reserva de la biosfera por el presidente Carlos Salinas de Gortari en 1993, y abarca  7,146 km², extensión mayor a la de los estados de Aguascalientes, Colima, Morelos y Tlaxcala por separado.

La palabra pinacate viene de pinacatl en  náhuatl, que significa escarabajo. Aunque en realidad, esta escasísimamente poblado por un grupo indígena nombrado O’odham, el cual está esparcido por la región, incluso en el estado de Arizona. Este pueblo nómada nos recuerda que el ser humano es capaz de sobrevivir, incluso en las situaciones más extremas.

En el Pinacate se encuentran las dunas más grandes de Norteamérica, algunas de ellas en forma de estrella. En el área se encuentra un espectacular escudo volcánico, donde existen flujos de lava y los impresionantes cráteres gigantes tipo Maar (anchos y de poca altura), espectáculo único en el mundo.

En las cercanías del Pinacate, resulta atractivo conocer el pueblo de Caborca Viejo, el cual constituye un monumento histórico y arquitectónico, ya que fue uno de los principales asentamientos españoles en su difícil encrucijada por el desierto.

También vale la pena conocer Puerto Peñasco, sitio que nos permitirá refrescarnos en su cálido mar circundado por bellas rocas, las cuales, como es obvio, dan nombre a este peculiar lugar.

Cómo llegar

Para llegar al Pinacate, es posible hacerlo desde la ciudad de Hermosillo, por la carretera federal No. 15, hasta Santa Ana, para después tomar la desviación por la carretera No. 2, pasando por Sonoyta hasta Los Vidrios. Se recomienda llevar brújula y un mapa, ya que es fácil perderse en el desierto.

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