Cocijo, dios del agua del México Antiguo

Cocijo fue la divinidad de la lluvia para los indígenas zapotecos, en el México Precolombino. Es una figura religiosa parecida al Chaac de los mayas, al Tláloc de los nahuas y los teotihuacanos y Dzahui, en los mixtecos. Las representaciones más habituales de Cocijo proceden del periodo del esplendor de la cultura zapoteca, en el área de los Valles Centrales de Oaxaca. El momento más importante del culto a Cocijo, se dio entre los años 500 y 800 d.C., tiempo en el que aparece con mucha frecuencia en las admiradas urnas funerarias de los zapotecos. Fue una deidad tan respetada en el México Antiguo, que su culto perduró hasta bien entrado el proceso de evangelización de los indígenas zapotecos.

Una de las particularidades del dios Cocijo, es que, sus representaciones tienen varias referencias al glifo zapoteco de “agua”. A veces se le observa llevando una vasija; a veces lleva una máscara a la altura de los ojos, con lengua bífida y colmillos, muy parecida a la que se observa en las figuras y dibujos que representan al dios Tláloc.
En el yacimiento prehispánico de Lambityeco en el estado de Oaxaca, los bustos de Cocijo, elaborados de estuco, lo presentan con una vasija derramando agua en una de sus manos y varios rayos en la otra. Por otra parte, en el periodo clásico se asociaba a Cocijo, al menos parcialmente, con el jaguar.

Los dioses mesoamericanos eran representaciones de diferentes facetas de la realidad, por ejemplo, leyes naturales, ideales de vida, oscuras fuerzas y distintas formas de conocimiento. Cocijo comunica hasta nuestros días, cuando se le reconoce en las muchas figurillas de los mixtecos y los zapotecos que existen en los museos mexicanos, un profundo respeto y valoración del agua, como elemento esencial para el vivir.

Muchas de las urnas recuperadas en los yacimientos zapotecas, nos presentan a Cocijo cerca de mazorcas de maíz. Este detalle relaciona al dios de la lluvia de los zapotecos con la deidad del maíz de esta misma cultura, el gran Pitao Cozobi. Conocer estas piezas arqueológicas, atesoradas en los museos antropológicos más relevantes de la República Mexicana, es una recomendable vía para acercarse al pasado mesoamericano. El universo en el que habitaron los antiguos mexicanos era un espacio lleno de misterios y leyendas, y justo de este ámbito de prodigios y de historia, surgen figuras tan fascinantes como Cocijo.

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